Las okupaciones continúan presentando una tendencia al alza en Barcelona y su área metropolitana. La detención de un okupa en un narcopiso del Raval, el reciente desalojo en el antiguo campo de la Damm y el intento frustrado por los vecinos en Badalona son algunos de los últimos sucesos acontecidos.
L’Hospitalet tampoco se salva de estos casos. Los vecinos denuncian que el Distrito II, formado por los barrios de Collblanc y la Torrassa, sufre una oleada de okupaciones que no cesa.
Fruto de estos actos delictivos, los residentes también están sufriendo reiterados robos que principalmente afectan a los vehículos estacionados en la calle y en parkings de la zona.
OKUPACIONES
En las últimas semanas, se han producido numerosas okupaciones que han afectado mayoritariamente a locales. Fuentes vecinales explican que uno de ellos es el ubicado en el número 53 de la calle del Progrés, un espacio ubicado en un «edificio histórico» cuya construcción data de finales de los años 20.
El número 66 de la calle de Santiago Apóstol también se encuentra afectado por una «okupación con fines delictivos», mientras que en la calle de la Joventut hay contabilizados tres locales que se encuentran en la misma situación.
INCIVISMO
Una residente afectada por un local okupado lamenta el día a día con el que vive el vecindario. En este caso, la okupación se produjo a finales de 2020 en una antigua frutería que se encontraba en su finca y cesó su actividad. Desde entonces, por su interior han pasado numerosos okupas: «Desde que entraron los primeros han ido pasando las llaves a distintas personas».
Esta situación ha llevado a los vecinos a vivir con el incivismo en el local, que en algún caso ha resultado peligroso. «Ponen música, hacen fiestas, se escuchan gritos y han llegado a hacer fuego dentro. El propietario aún no ha recuperado su local y los okupas van haciendo», asegura.
La vecina explica que las okupaciones más recientes se suman a otras con las que ya contaba el barrio, como las de la calle de Holanda y la calle del Rosselló.
ROBOS
Los vecinos denuncian que la presencia de los okupas se ha traducido en un aumento de robos. Concretamente, apuntan a la «rotura de cristales en coches y furgonetas» y la «entrada en parkings» para robar en el interior de los vehículos.
